Este es un libro al que le tengo especial cariño. Fue la llave que abrió la puerta a un mundo del que no he querido salir. Un lugar lleno de fantasía, personajes estrafalarios y mucha diversión.

En él Roald Dahl nos cuenta su infancia de una manera tan amena, despreocupada y divertido que es imposible no caer rendido. Este libro lo recomendaría más a los padres y madres (y demás adultos, con o sin barba) que a los más pequeños. Os lo pasaréis genial y empezaréis a descubrir a este gran (era muuuy alto) genio de las letras.

P.d.: Esta imagen no corresponde con la cubierta de la edición española. No me he podido resistir a Quentin Blake.
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